lunes, 24 de marzo de 2014

EL TRANCE








Yo solo acababa de empezar a contar mi cuento cuando de todos los rincones de Italia comenzaron a llegar primero cientos, luego miles de liras, que el presentador de TV4 se encargaba de proclamar a voces por el micrófono, y que iban anotándose en un gran tablero luminoso, situado a mis espaldas.

El teléfono no paraba de sonar, y mamá subió al estrado a mi lado y me cogió de la mano, mientras yo continuaba navegando por esa fina línea que separa el sueño de la vigilia, donde nacen todas las historias, y simplemente contaba lo que veía.

El hipnotizador dijo: “Basta. Deberíamos parar ya”, pero mi madre, quizás pensando en la gotera de la cocina, contestó “él está bien”, y el presentador del programa intervino: “Ni lo sueñes. Estamos superando todos los record de audiencia. No es el momento de cortar”.

El trance me resultaba cada vez mas cansado y tuvieron que sentarme en una silla porque empezaba a tambalearme, pero aún así seguí hablando sin parar. No sé de qué rincón de mi mente escapaban todas aquellas fantasías. “Tiene una imaginación portentosa”, dijo el crítico literario contratado por el productor, pero la verdad es que yo no inventaba nada.

Mientras tanto me iba convirtiendo en el fenómeno mediático del año. Las marujas adictas al programa lloraban sin parar, los niños escuchaban embobados, los ejecutivos aparcaron los BMW en doble fila y siguieron la emisión por la radio, trastornados. Los fontaneros, las maestras, los estibadores, todo el mundo estaba fascinado con mi relato.

Nuestra cuenta corriente engordaba sin parar, y mi madre primero pensó en cambiar los muebles del comedor, luego en comprar un segundo coche, y ahora ya estaba soñando con un pisito en la playa.

Pero yo me sentía cada vez más débil. Tuvieron que tumbarme en una camilla mientras seguía contando y contando, con una vocecita cada vez mas fina, y entonces el Mago Magnus, el hipnotizador, sí que dijo: “Ya es suficiente. Cuando cuente a tres te despertarás. Un, dos, tres, ya”.

Abrí los ojos aturdido y todo el mundo empezó a aplaudir frenéticamente, pero yo apenas podía levantar la cabeza de la almohada. Me enfocaron con grandes proyectores y se acercaron las cámaras, mientras los flashes no paraban de disparar, y en ese momento empecé a morirme. El hipnotizador gritaba y pedía una ambulancia pero no se le oía porque el presentador estaba proclamándome como el acontecimiento del año, mientras mi madre me cubría la cara de besos y me llamaba “mi niño”.

Entonces llegó la Unidad Móvil y un montón de médicos y me empezaron a enchufar cosas. Al momento estaba lleno de tubos, ahora ya no se oían aplausos, y todo el mundo corría y gritaba por el plató.

El director del programa chillaba “un primer plano, sacadle un primer plano” y los focos no paraban de molestarme.

Los de la UVI me metieron en la ambulancia y me llevaron a toda velocidad al hospital, donde al fin cesaron los focos y el ruido, pero me pusieron todavía más cables y más tubos.

A mi lado quedaron únicamente mi madre y el Mago Magnus. Mi madre lloraba histérica, y ya no pensaba en coches nuevos ni en pisos en la playa, ni siquiera en la gotera de la cocina, solo lloraba y se retorcía las manos.

Al final la enfermera le dio una pastilla.

El hipnotizador sudaba, nervioso, y se paseaba a grandes zancadas por el pasillo.

Pero yo no quería morirme todavía. Intentaba llamar al Mago, pero mi voz era tan tenue que apenas salía de mi garganta.

Aún me faltaba conocer el final.



Navarra, 13 de Abril de 2010

8 comentarios:

  1. Muy interesante tu relato te vi en lo de BBorjas y vine para ver lo que escribias
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    volvere

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    1. Muchas gracias Recomenzar. Siempre serás bienvenida.

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  2. Pilar, muy bien puesta esa etiqueta "Terror". ¡Qué angustia! Es un relato estupendo. Vas subiendo el tono de la tensión magistralmente, al tiempo que nos vamos angustiando por el pobre hipnotizado. Me ha gustado la frase "empecé a morirme".
    La ambición suele tener finales tristes si uno va más allá de lo posible y se adentra en lo imposible. Me ha gustado mucho.
    Un beso

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    1. Muchas gracias, Marta. Es un cuento antiguo. Cuando leí el otro día tu relato del sonambulo lo recordé, ¡que cosas!

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  3. Ahora aún tendré más desconfianza en magos e hipnotizadores .

    Un estupendo relato.

    Gracias por tu visita y la recomendación.

    Saludos

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  4. Muchas gracias Trini. Que disfrutes el libro.

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  5. Muy guapo :D

    "Aún me faltaba conocer el final." A mi tambien... jejeje

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    1. Hombre, usa la imaginacion. A veces hay que dejarle una puerta abierta...
      Besos, Rafa

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