viernes, 29 de marzo de 2013

INSTRUCCIONES PARA ATRAPAR UNA ESTRELLA






Ayer atrapamos otra estrella. Ya quedan pocas. De nuevo se escondieron detrás de ese manto blanco que tienen,  pero estaba lleno de agujeros. Ellas lo movían para taparse con él pero nosotros estábamos pendientes y en cuanto se despistaron, ¡zas!, nos hicimos con una más. Tenemos ya veintitrés nuevas para la ceremonia del sábado.

Ya veremos si esta vez sirve de algo. Al menos así tenemos algo que hacer por las noches, encerrados en la cueva los días se hacen eternos.

La técnica fue la misma de siempre, la que nos enseñó el Venerable Anciano Primero. Sacamos una pequeña tinaja de barro ─nuestras mujeres se están volviendo expertas en la fabricación de tinajas─ con un poco de agua. Vamos moviendo el cacharro hasta que vemos el reflejo en el agua; entonces tenemos que concentrarnos todos ─este punto es el más importante─ y mirar fijamente el fondo de la vasija para que la estrella quede atrapada y se disuelva bien. Es fundamental no alzar la vista. Tal como nos dijo el Venerable  Primero si miramos hacia arriba la estrella se engancha en nuestra mirada y al momento está en el cielo otra vez. Yo pensaba que se lo había inventado porque últimamente no me fío mucho de lo que dice,  pero ayer comprobé que era verdad. Me distraje y allí arriba estaba de nuevo, en un agujero del manto. Y en la tinaja no había nada.

Después de atraparla le ponemos la tapa al cacharro y lo guardamos al fondo de la cueva. Ya tenemos muchísimas, varios centenares, y sin embargo siempre surge una nueva en el firmamento.

Faltan pocos días para la Gran Luna Llena. Estoy deseando que llegue el sábado para purificar a esas malditas.

Los Ancianos dirigirán el ritual. Nosotros, los de la Edad Madura, habremos colocado las estrellas en círculo en la gran sala del fondo, la que tiene el lago a la izquierda. Encenderemos algunas velas –aún quedan bastantes en el Almacén- y los Venerables encabezarán la procesión, recitando conjuros. Detrás iremos los Maduros, que somos bastantes; aunque últimamente han muerto varios, aún quedamos más de cincuenta. Nos seguirán los jóvenes, (de esos hay pocos), y al final de todos nuestros dos niños.

Los niños.

Son nuestro orgullo y nuestra tragedia. Los dos son varones, así que como no nazcan pronto una o dos niñas, en pocas décadas se acabará la especie.

En la Ceremonia de la Gran Luna Llena, después del ritual de las Estrellas viene el Ritual de las Mujeres; veremos si esta vez conseguimos dejarlas limpias, porque tambien ellas están malditas.  Hace años que han perdido la facultad de parir. Casi nunca se embarazan, y cuando lo hacen abortan en seguida. No es culpa de ellas en realidad, son las estrellas que las han encantado, al menos eso nos han explicado los Ancianos.

Esas luces diabólicas.

A veces, cuando hay tormenta y los dioses se revuelcan en el cielo, a los Venerables Ancianos les gusta contarnos historias. Ellos están llenos de recuerdos de antes de la Gran Catástrofe, cuando los seres humanos poblábamos la Tierra. Cuentan que existían barcos que atravesaban los mares de punta a punta. Los barcos son una especie de cajas redondas de madera, tan grandes que se puede meter la gente dentro, que no se hunden en el agua. Los hemos visto en los dibujos de los libros que aún conservamos. También hay dibujos de aviones, que eran unos barcos de metal con alas, que podían volar como los pájaros.

O eso dicen ellos. La verdad es que resulta un poco difícil de creer. Cuando los Ancianos hablan de los aviones, o de otras maravillas parecidas, los demás nos sonreímos incrédulos y nos miramos los pies. Nunca los contradecimos, porque es importante respetar a nuestros mayores, pero, ¿una caja voladora? ¿Quién se podría creer semejante disparate?

Entonces los Ancianos se miran entre sí y suspiran.

Y parecen un poco más tristes.

Durante las tormentas los Ancianos cuentan muchos prodigios, pero todos ellos sucedieron en una Era Anterior, antes de que la Gran Catástrofe.

Eran tiempos felices, pero luego una inmensa ola de devastación asoló la Tierra. No sabemos cómo ni por qué, pero los Ancianos parecen saberlo y nos cuentan lo que quieren. Nos han dicho que vino de las estrellas. Se incendiaron países enteros, desaparecieron mares. Las montañas cambiaron de sitio.

Casi toda la vida murió.

Ahora sólo quedamos un puñado de humanos y unos cuantos animales, estériles y enfermos todos, que nos apiñamos en esta pequeña isla llena de cuevas, a la que rodea un océano inclemente. Ni siquiera sabemos si hay más gente en otras islas. Nosotros sobrevivimos con los restos del Almacén, porque los Ancianos nos tienen prohibida la caza y la pesca. Dicen que todo está contaminado.

El caso es que siempre hay cazadores furtivos y recolectores, y los demás nos comemos los animales y las frutas a escondidas. No pueden esperar que vivamos sólo de esas absurdas cajas de metal.

A lo mejor por eso ya no nacen niños.

A lo mejor.

A lo mejor estamos todos contaminados.

Puede ser.

Lo que sí que está claro es que todo es culpa de las estrellas. Por eso tenemos que atraparlas. A todas. Y purificarlas. Porque cuando no queden estrellas en el cielo las mujeres volverán a parir hijos. Y los campos se llenarán de trigo, los bosques de caza y los mares de peces. Porque entonces acabará El Maleficio.

Mientras tanto pasamos los días encerrados en esta enorme caverna, protegiéndonos de este sol que achicharra.  Fabricamos tinajas, jugamos con piedras o intentamos preñar a nuestras mujeres. Y por las noches salimos a cazar estrellas. Porque esa es nuestra única esperanza.

Y por eso yo a veces no comprendo las palabras de los Ancianos. Ayer los oí cuchichear entre ellos cuando creían que nadie los podía oír, y el Venerable Segundo le decía al Venerable Primero;

─Y cuando se cansen de esto, ¿qué nos inventamos?

─Algo se nos ocurrirá─ respondió este. 

Y lo dos se miraron y suspiraron, justo a la vez. Ellos no me vieron y yo no los entendí, pero desde ayer estoy preocupado. Estoy triste.

¡Malditas estrellas!

Creo que esta noche me quedaré en la cueva.



Vera, 1 de Octubre de 2012

2 comentarios:

  1. Hola Pilar,me alegra que te hayas animado a publicar tus cuentos.Ya se dónde encontrarte.

    Un abrazo con mis mejores deseos

    Isabel

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  2. Muchas gracias, Isabel.

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