sábado, 30 de marzo de 2013

CORAZÓN DE MADERA




Ya lo sé. Sé perfectamente que no soy nada importante. Pero aún así, uno tiene su corazoncito

El trabajo es el trabajo, está bien, si hay que bailar, se baila. Aunque ya esté cansado de esa eterna danza nupcial con Colombina no digo nada, salto, giro, muevo la cabeza. Hago, en fin, lo que tengo que hacer.

A los turistas les gusta. Todos nos rodean y sonríen mirando el espectáculo, bajo la sombra de los árboles. Además en El Retiro se está bien, no hace demasiado calor. Es un trabajo agradable. Cuando El Hombre descansa, podemos parar también nosotros, y disfrutamos oyendo al Hombre del Acordeón que se sienta en el banco que hay frente al nuestro. Algunas mañanas están los otros músicos, los que tocan la flauta y los tambores. El aire huele a verde, no hay prisas. Todo el mundo está feliz, a pesar de que la mayoría de la gente no nos echa nada a ninguno, o sólo unos pocos céntimos.

Mis favoritos son los hombres-estatua aunque ahora, con la crisis, apenas tienen ocasión de moverse y la mitad están en casa, con lumbago.

La gente que pasea se para a mirarnos y los niños nos señalan y se ríen. Los enamorados van cogidos de la mano. Como trabajo, realmente no está nada mal.

No, si yo no me quejo del curro.  Lo que pasa es que, aunque seamos de madera, también tenemos nuestros sentimientos, como todo el mundo. Después de todo El -El Hombre- debería darse cuenta de que nosotros dos somos los artistas principales y tratarnos un poco mejor.  

Por ejemplo, lo de ayer. Todo el mundo sabe que Colombina es mi novia, mejor dicho, mi esposa recién casada. Si no, ¿a que viene eso de tanta danza nupcial? No tendría ningún sentido, digo yo. Pues va -El, El Hombre, la fuente de todas mis desdichas- y me deja dentro del baúl y la pone a ella a bailar sola, y la obliga a coquetear con el público, en el día de su boda.

-Estoy buscando un novio -le hacía decir a la pobre, obligándola a comportarse como una desvergonzada- A ver, ese niño rubio de ahí, ¿no te gusto?

 Todos se reían, y no se daban cuenta de que cada vez pestañeaba mas rápido, con sus ojos articulados de párpados de plástico. Así es como lloramos las marionetas, nosotros no tenemos lágrimas. Pero ¡que sabrán ellos! No son más que humanos tontos, llenos de agua, que sueltan por todas partes.

Yo intentaba levantarme para ir a rescatarla, como corresponde a un caballero, pero si nadie tira de mis hilos es que no me puedo mover, no hay manera.

Los dos teníamos el corazón partido.

Menos mal que el chaval -¡que encanto de criatura!- puso al Hombre en su sitio:

- Conmigo no, ¡yo quiero que baile con Arlequín!

Así pude bailar con ella, y mirarla a los ojos e intentar consolarla sin palabras.

Pero esto no es plan. Ya he pensado lo que voy a hacer. Cuando esta noche nos coloque en el baúl, al terminar la función, me dejaré caer sobre Colombina como al descuido, y enredaré nuestros hilos para siempre. Con cuidado, eso sí, para no lastimarla. 

Así no tendrá más remedio que sacarnos juntos. A partir de ahora va a tener que hacernos bailar el vals, como corresponde a dos novios que celebran su compromiso.  

A dos enamorados de madera.



Vera, 5 de Julio de 2011












EL TRABAJO DE MAMÁ



Mamá es mala, me pegó. Es mala. Todavía tengo la cara roja, del bofetón que me dio la muy bruta. Mañana se lo pienso decir a la seño.

Yo no sé por qué me ha pegado, pero debe ser por lo que le dije. El señor gordo se partía de la risa, casi se hizo pipí encima, como un bebito, pero mamá estaba muy enfadada. Súper-enfadada. Como si fuera una madre-ogro o una madre-monstruo de los dibujos, en vez de una madre normal. La culpa de todo la tiene Mario, como siempre.

Yo estaba haciendo los deberes, tan tranquila, y allí estaba la primera pregunta;

“Escribe las profesiones de tus padres”

Nosotros no tenemos padre, así que le pregunté a Mario:

- Mario, ¿mamá qué es? 
- ¿Cómo que qué es? Mamá es mamá, pareces tonta.

Siempre se pone así de antipático cuando está jugando con la play y le interrumpo.

- Quiero decir que en qué trabaja.
- ¡Ah, eso! Mamá es fulana.
- Ah.

La verdad que la respuesta tampoco la entendí mucho, así que volví a la carga;

- Y las fulanas ¿qué hacen?

Mario resopló y abandonó definitivamente “Súper Destripadores II”. Me miró desde la altura de sus nueve años y me dijo;

- Pues los hombres vienen y les pagan, y ellas entonces les dejan que les toquen el culo y las tetas. Se ponen así, ¿ves? ─se puso de pie con las piernas separadas y los brazos extendidos en cruz─. Y ellos van y las tocan. Pagan mucho por eso. Es que a los hombres nos gustan mucho las tetas y los culos.

- ¿Eso nada más?
- Eso nada más. O eso creo- reflexionó.
- ¿Y las tocan mucho tiempo?
- Hasta que se cansan. Cuando llevan un rato se aburren y se van. Y déjame en paz, pesada-. Y volvió con la play.

No parecía un trabajo muy difícil, ni muy cansado. Escribí a lápiz con mucho cuidado: “Mi mamá es fulana”

La siguiente pregunta era todavía más tonta;

“Escribe qué quieres ser de mayor”

- Mario, ¿tú que quieres ser de mayor?
- Futbolista. Están todos forrados.

Mario estaba harto de mí, pero se aguantaba porque tiene que cuidarme y ayudarme con los deberes cuando no está mamá. Para eso es el mayor. Si no, me chivo y le cae la bronca.

- Ya, pero las niñas no juegan al futbol. Oye, ¿las fulanas ganan mucho?

- Las que son guapas sí. Son fulanas de lujo y cobran mogollón. A mamá no le va mal.

Yo soy muy linda, todo el mundo lo dice. Sobre todo los domingos, cuando me llevan a misa con el vestido rosa y un lazo en el pelo. Otras veces llevo un traje blanco, con puntillas.

A lo mejor eso de ser fulana no está tan mal. Me  he estado fijando y los tocadores de culo que han venido esta semana estaban como una hora, o un poco menos. Lo único malo es estar de pie, pero una hora no es tanto tiempo. Quizás hasta te dejan que te sientes de vez en cuando.

La mamá de mi amiga Paulina es pescadera, y se levanta a las cinco de la mañana para ir a por el pescado, con su papá. Tiene las manos y los brazos hinchados de meterlos en el hielo, y siempre se queja de que le duele la espalda. Por las tardes está en casa con sus hijos, guisando y limpiando, pero siempre está enfadada y no para de gritarles. Tiene cinco niños, aunque ella dice que tiene cinco leones.   

La mamá de mi amiga Vanesa es peluquera, y se pasa el día de pie peinando a la gente, así que tiene las piernas llenas de bultos morados. Llega a casa de noche y se pone a guisar, y nunca tiene tiempo para jugar con ella. Cuando acaba se tumba en el sofá con los pies en alto. Tampoco es muy simpática y siempre está cansada, y triste. El papá de Vanesa se marchó con una guarra. Todavía sigue viviendo con la guarra y no les pasa ni un duro. A mi amiga la cuida su abuela, que es una vieja bruja, o eso dice Mario. En cambio la abuela de Vanesa siempre dice que mi madre es un putón verbenero. Tengo que preguntarle a Mario que qué quiere decir eso. A mamá mejor no le pregunto.

Mi mamá en cambio es muy linda y tiene zapatos de tacón de todos los colores, y muchos vestidos bonitos. Tiene uno todo de oro con el que parece una princesa. El pelo liso le llega por la cintura y siempre va muy  pintada. El señor calvo dice que parece una reina mora; “!Ven acá, mi reina mora!” le dice cuando viene, armando mucho jaleo. Mamá  deja que me ponga sus zapatos aunque me queden grandes y se ríe cuando voy taconeando por el pasillo. Tambien me presta el pintalabios, uno que no usa. Como es tan guapa siempre llega a casa con hombres, y ese día estaba el francés gordo delante. A lo mejor por eso se enfadó más. Yo pensaba que se iba a poner contenta. Justo estaba terminando de escribir: “De mayor voy a ser fulana” con mi mejor letra, cuando sentí la llave, y fui corriendo a darle un beso y decírselo; 

- ¡Mamá, mamá, ya sé que voy a ser de mayor!
- Dime, mi amor.
- Voy a ser fulana de lujo, como tú.

Se le puso una cara mas rara ¡Uf! Después vino el tortazo, que burra.

El gordo se reía a carcajadas.

-Vaya, vaya, de casta le viene al galgo- decía el muy idiota. Y volvía a reír hasta saltársele las lágrimas. Luego se metió corriendo en el baño.

Pues yo no le vi la gracia, y mamá tampoco. Claro, como no le pegaron a él.

Lo he pensado mejor, y ya no voy a ser fulana, que se fastidien todos. Voy a ser millonaria.


Vera, 12 de septiembre de 2011 

LA GASOLINA



Señor, otra vez con el tiempo justo. A ver donde están las llaves, porras, que jaleo, un día de estos tengo que ordenar el bolso pero si no me da tiempo de nada con el trabajo la casa los niños, ay, menos mal, aquí, ya veía que llegaba tarde, gasolina regular pero creo que llego, vamos arranca  jolines, ¡Uf! Por fin en la carretera. Uuufff.

Respira Lola vamos cálmate estás atacada, como me relaja conducir que gusto librarse de todos ellos, en la gloria, claro que mejor después del tema, este Daniel es un artista aunque tengo que tener cuidado, ahora ese camión ¡Venga hombre, que es para hoy! Mierda frita, siempre me tienen que llenar el coche de gravilla me van a romper el cristal, tengo que revisar el seguro cualquiera sabe que pone.  A ver la radio que me distraiga.

No pillo canal cosa rara, mejor lo dejo no sea que me pegue una piña, ahora el niñato del motorista, Daniel también es un niñato en el fondo pero que culo tiene el condenado, ahora que para mí que Paco se está mosqueando, las clases de pádel que buena excusa  pero dijo que se iba a apuntar él también, mañana por la tarde me voy a creer yo eso, con lo flojo que es. ¡Ay! Otra vez las cervicales. Uff. Tengo que llamar al fisio aunque total para lo que sirve, a los cuatro días estás igual, ese sí que es un salido como jadea el condenado con los masajes, habrá que verlo con las quinceañeras, que asco me da.  Semáforo rojo como no, vaya gafe, a ver esta radio.

Que si quieres arroz vaya trasto si da igual pero es que me relaja así no pienso porque ¿qué hago con Daniel? ¿Lo diría en serio? Porque a mí Paco me tiene muy harta la verdad, siempre las mismas historias, pero los chicos, bueno pero ya son grandes y todo el mundo se separa, tampoco vamos a inventar nada, pero de que vivimos, mi sueldo no da para grandes historias y el suyo ya ves, jolín ahora el piloto de la gasolina, bueno pero en reserva llego de sobra es lo que tiene este coche, ahora que entonces se me acabaron los buenos coches aunque me lleve este digo luego y los trajes y la buena vida aunque me quede con la casa y los chicos que en fin. No sé yo si Daniel y los chicos juntos un poco raro lo veo.

Las gasolineras  a ver que siempre se me pasan, me voy a concentrar, estoy concentrada, estoy concentrada, una leche voy a estar si es que siempre es lo mismo, hasta que no me aclaro ando colgada y luego, hala, ahí había una ¡Ay Dios ya me pasé! Y que él cobra una miseria y como me pago yo el botox, jolín donde está la siguiente ahora estará lejos, y si no me pongo se me descuelga la cara y Daniel sale corriendo, si es que son doce años mas que puñetas y tres partos como no se va a notar.

Y que hago yo luego.

Jo, ahora esto pita y si no llego aquí en mitad de la autopista a mí me da algo y si rezo pero que cínica si solo voy a misa para las bodas, pero que hago si no, donde está el móvil tengo que llamar a Paco, no a Daniel, y que vaya practicando pero si este nunca lo coge, vamos Daniel cógelo, vamos cielo. Venga Dani cógelo.

 No lo coge estará en clase y que sabe él si es un crío, tengo que cuidarlo yo a él, como me voy a fiar. Señor por Dios, Virgen María, prometo portarme bien, que no me quede aquí tirada, adúltera, sí, pero buena gente. Padre-nuestro-que-estás-en-los-cielos-santificado-sea-tu-nombre que más, padrenuestro, esto está dando tirones, hay madre, padrenuestro como era no me acuerdo, estoy toda empapada de sudor, Virgen María compréndeme si es que tiene un cuerpo y unas manos y un, ay no sacrilegio seguro decir eso a la, y que calor, y como voy a ir a trabajar así, pero si de todas formas me voy a quedar tirada, por favor Paco cógelo por favor por favor.

- ¡Paco!  Ay Paco, que alivio oírte, ay Dios. Oye, que tienes que venir a recogerme, es que me he quedado sin gasolina, no sabes que mal rato he pasado. En el cruce de la Venta del Cholas. Vale, no me riñas, ven, sí, claro que tiene que ser ahora. Sí, ya lo sé que soy un desastre pero es que no doy abasto, que te crees.

- ¿Cómo una reunión?  ¡Si es que ya llego tarde! Pero Paco por favor llámalos, si ellos te esperan.  Si tú eres el jefe, que se aguanten que para eso cobran. Es que fíjate la hora que es, y que me tienen enfilada, que dicen que quieren echar gente a la calle, Paco, no me puedo esperar, que me la juego. Si no estoy llorando pero Paco, por favor ven, que no quiero perder el trabajo, si es que ya es lo que me faltaba. Que no me lo puedo permitir.

- ¿Que sí que puedo? ¿Cómo que sí que puedo? Bueno, vale, pues a lo mejor puedo, pero no me da la gana. Vale, sí, ya me calmo. Si no estoy nerviosa, bueno un poco sólo. Que sí, que ya me tranquilizo.  Me aparco en el arcén y te espero, no tardes por favor.

Y ahora lo llamo, si es que soy una cerda, encima que lo pongo los cuernos, ay pero que alivio que venga, pero si es que ya apenas lo hacemos y siempre llega a las tantas y quién se cree que soy, pero si fuera, si llegara, si es que a mí en el fondo Paco me gusta muchísimo más, mucho más hombre aunque el culillo de Daniel  ¿Y este imbécil por qué me pita? Lloro porque me sale de las narices ¡Anda y que te den!  Todos los tíos son iguales pero si Paco quisiera a lo mejor podríamos  ¿qué hora es ya?  Ay, Dios mío llego tarde seguro, a lo mejor podríamos, un viaje quizás, y este ¿a santo de qué me llama ahora? ¡A buenas horas, Daniel! Bueno claro,  habrá visto mi llamada, pero ya llega tarde, ya me está llamando muy tarde, ya no me vale, no lo voy a coger, ya no me vale, amor, ya no me vale.


Vera, 9 de Octubre de 2012

UN MUNDO BAJO EL AGUA





Hay un mundo bajo el agua, donde la gente no respira.

Tiene calles y tiendas, coches y bicicletas, e incluso televisores. Sus habitantes se han adaptado a las extrañas circunstancias y han desarrollado grandes manos y pies, con cartílagos uniendo los dedos, que les ayudan a empujar el agua al desplazarse. Marchan dando pequeños saltitos, mitad nadando, mitad caminando. También tienen branquias, que han substituido a los antiguos pulmones, ya inútiles.

Aún no tienen cara de pez. Es previsible que la desarrollen en las próximas generaciones.

No siempre ha sido así. Hubo un tiempo, no muy lejano, en que esas mismas calles y tiendas estaban arriba, sobre la superficie de la tierra. Esos coches y bicicletas circulaban por avenidas en las que corría el aire, más o menos contaminado, pero aire al fin. En esas avenidas había casas, y algunas tenían jardines y, a veces, esos jardines estaban llenos de flores.

Pero un día los televisores empezaron a supurar. Desprendían un hilillo de agua viscosa.

Al principio la gente se lo tomó a broma;

- ¡Habrase visto un televisor con babas!

Llamaron al técnico para que lo arreglara, y se quejaron de la factura. Todo muy normal. Pero al poco tiempo los aparatos volvieron a estropearse otra vez, y otra, y otra. La gente se cansó de arreglarlos, y simplemente recogía el agua con una fregona.

Una mañana  se despertaron con el agua por las rodillas. Protestaron, gruñeron, llamaron a los políticos. Se manifestaron por las calles, todos con botas de agua.

Pero los políticos no sabían que hacer. Ellos también hubieran querido manifestarse, pero no sabían contra quién.

Cuando, unos meses después despertaron con el agua por la cintura hubo fuertes tumultos, aunque parte de la población se quedó en casa, sin ganas de protestar siquiera. Algunos lloraban. Ni los tumultos ni las lágrimas sirvieron de nada.

Hubo más inundaciones pero la gente ya no reaccionó, tenía el espíritu quebrado. Todos aprendieron dócilmente a nadar, siguiendo las instrucciones de los Servicios de Protección Civil, que ahora sí que cumplían órdenes de los políticos. Los niños se adaptaron en seguida a la nueva situación.

Hoy es un mundo submarino y en los jardines de las casas crecen algas. Los niños pequeños, más que caminar, bucean.  Apenas hablan.

Por eso yo os convoco, a vosotros, los que sois lo bastante mayores para recordar los viejos tiempos. Esta noche nos pondremos pasamontañas y ropa oscura. Luego nos introduciremos en todas las casas por las ventanas, como ladrones furtivos, y destruiremos todos los televisores.

A lo mejor nuestro mundo vuelve a flotar.




Vera, 10 de Enero de 2010.


   





viernes, 29 de marzo de 2013

INSTRUCCIONES PARA ATRAPAR UNA ESTRELLA






Ayer atrapamos otra estrella. Ya quedan pocas. De nuevo se escondieron detrás de ese manto blanco que tienen,  pero estaba lleno de agujeros. Ellas lo movían para taparse con él pero nosotros estábamos pendientes y en cuanto se despistaron, ¡zas!, nos hicimos con una más. Tenemos ya veintitrés nuevas para la ceremonia del sábado.

Ya veremos si esta vez sirve de algo. Al menos así tenemos algo que hacer por las noches, encerrados en la cueva los días se hacen eternos.

La técnica fue la misma de siempre, la que nos enseñó el Venerable Anciano Primero. Sacamos una pequeña tinaja de barro ─nuestras mujeres se están volviendo expertas en la fabricación de tinajas─ con un poco de agua. Vamos moviendo el cacharro hasta que vemos el reflejo en el agua; entonces tenemos que concentrarnos todos ─este punto es el más importante─ y mirar fijamente el fondo de la vasija para que la estrella quede atrapada y se disuelva bien. Es fundamental no alzar la vista. Tal como nos dijo el Venerable  Primero si miramos hacia arriba la estrella se engancha en nuestra mirada y al momento está en el cielo otra vez. Yo pensaba que se lo había inventado porque últimamente no me fío mucho de lo que dice,  pero ayer comprobé que era verdad. Me distraje y allí arriba estaba de nuevo, en un agujero del manto. Y en la tinaja no había nada.

Después de atraparla le ponemos la tapa al cacharro y lo guardamos al fondo de la cueva. Ya tenemos muchísimas, varios centenares, y sin embargo siempre surge una nueva en el firmamento.

Faltan pocos días para la Gran Luna Llena. Estoy deseando que llegue el sábado para purificar a esas malditas.

Los Ancianos dirigirán el ritual. Nosotros, los de la Edad Madura, habremos colocado las estrellas en círculo en la gran sala del fondo, la que tiene el lago a la izquierda. Encenderemos algunas velas –aún quedan bastantes en el Almacén- y los Venerables encabezarán la procesión, recitando conjuros. Detrás iremos los Maduros, que somos bastantes; aunque últimamente han muerto varios, aún quedamos más de cincuenta. Nos seguirán los jóvenes, (de esos hay pocos), y al final de todos nuestros dos niños.

Los niños.

Son nuestro orgullo y nuestra tragedia. Los dos son varones, así que como no nazcan pronto una o dos niñas, en pocas décadas se acabará la especie.

En la Ceremonia de la Gran Luna Llena, después del ritual de las Estrellas viene el Ritual de las Mujeres; veremos si esta vez conseguimos dejarlas limpias, porque tambien ellas están malditas.  Hace años que han perdido la facultad de parir. Casi nunca se embarazan, y cuando lo hacen abortan en seguida. No es culpa de ellas en realidad, son las estrellas que las han encantado, al menos eso nos han explicado los Ancianos.

Esas luces diabólicas.

A veces, cuando hay tormenta y los dioses se revuelcan en el cielo, a los Venerables Ancianos les gusta contarnos historias. Ellos están llenos de recuerdos de antes de la Gran Catástrofe, cuando los seres humanos poblábamos la Tierra. Cuentan que existían barcos que atravesaban los mares de punta a punta. Los barcos son una especie de cajas redondas de madera, tan grandes que se puede meter la gente dentro, que no se hunden en el agua. Los hemos visto en los dibujos de los libros que aún conservamos. También hay dibujos de aviones, que eran unos barcos de metal con alas, que podían volar como los pájaros.

O eso dicen ellos. La verdad es que resulta un poco difícil de creer. Cuando los Ancianos hablan de los aviones, o de otras maravillas parecidas, los demás nos sonreímos incrédulos y nos miramos los pies. Nunca los contradecimos, porque es importante respetar a nuestros mayores, pero, ¿una caja voladora? ¿Quién se podría creer semejante disparate?

Entonces los Ancianos se miran entre sí y suspiran.

Y parecen un poco más tristes.

Durante las tormentas los Ancianos cuentan muchos prodigios, pero todos ellos sucedieron en una Era Anterior, antes de que la Gran Catástrofe.

Eran tiempos felices, pero luego una inmensa ola de devastación asoló la Tierra. No sabemos cómo ni por qué, pero los Ancianos parecen saberlo y nos cuentan lo que quieren. Nos han dicho que vino de las estrellas. Se incendiaron países enteros, desaparecieron mares. Las montañas cambiaron de sitio.

Casi toda la vida murió.

Ahora sólo quedamos un puñado de humanos y unos cuantos animales, estériles y enfermos todos, que nos apiñamos en esta pequeña isla llena de cuevas, a la que rodea un océano inclemente. Ni siquiera sabemos si hay más gente en otras islas. Nosotros sobrevivimos con los restos del Almacén, porque los Ancianos nos tienen prohibida la caza y la pesca. Dicen que todo está contaminado.

El caso es que siempre hay cazadores furtivos y recolectores, y los demás nos comemos los animales y las frutas a escondidas. No pueden esperar que vivamos sólo de esas absurdas cajas de metal.

A lo mejor por eso ya no nacen niños.

A lo mejor.

A lo mejor estamos todos contaminados.

Puede ser.

Lo que sí que está claro es que todo es culpa de las estrellas. Por eso tenemos que atraparlas. A todas. Y purificarlas. Porque cuando no queden estrellas en el cielo las mujeres volverán a parir hijos. Y los campos se llenarán de trigo, los bosques de caza y los mares de peces. Porque entonces acabará El Maleficio.

Mientras tanto pasamos los días encerrados en esta enorme caverna, protegiéndonos de este sol que achicharra.  Fabricamos tinajas, jugamos con piedras o intentamos preñar a nuestras mujeres. Y por las noches salimos a cazar estrellas. Porque esa es nuestra única esperanza.

Y por eso yo a veces no comprendo las palabras de los Ancianos. Ayer los oí cuchichear entre ellos cuando creían que nadie los podía oír, y el Venerable Segundo le decía al Venerable Primero;

─Y cuando se cansen de esto, ¿qué nos inventamos?

─Algo se nos ocurrirá─ respondió este. 

Y lo dos se miraron y suspiraron, justo a la vez. Ellos no me vieron y yo no los entendí, pero desde ayer estoy preocupado. Estoy triste.

¡Malditas estrellas!

Creo que esta noche me quedaré en la cueva.



Vera, 1 de Octubre de 2012

EL NIÑO DE AGUA





La primera vez que ella lo vio fue en la playa. Estaba en cuclillas, semioculto tras unas dunas, muy cerca de la orilla, y se reía. Llevaba unos pantalones cortos, azules, y una camiseta blanca y estaba contemplando unos pájaros diminutos.  Los pajarillos se acercaban al agua dando saltitos y, cuando llegaba la ola, salían corriendo. Eran olas pequeñas, apenas un barullo de espuma y poco más. Cuando la ola retrocedía, las aves movían rápidamente sus patas finas como palillos, acercándose al agua y de nuevo ¡otra vez atrás!  Al salir corriendo emitían unos gritos agudos, como críos chillando de gozo.   
Y él allí, en cuclillas, reía a carcajadas mirándolos jugar. Después de todo no era más que un niño.
La mujer no dio crédito a sus ojos al verlo. Le pareció que  el tiempo había dado un salto hacia atrás y ella se despertaba de una pesadilla. ¡Tan vivo otra vez!  Todo el dolor se deshacía como un mal sueño.
Al acercarse percibió en él una cualidad distinta, incorpórea,  que no había tenido nunca. A través de la  camiseta pudo ver el azul de las olas. El blanco de la espuma se clareaba a la altura de los tobillos y justo donde comenzaba el nacimiento de su garganta se adivinaba la proa de un barco, que continuaba más allá de su figura, más nítido. 
Ella había salido a pasear desesperada, la falda arrebatada en las rodillas, el cabello enmarañado como manojos de algas oscuras,  buscando no se sabe qué. Aire para sus pulmones que se ahogaban, o quizás sólo un poco de silencio. El dolor, el dolor. Y el verlo allí, tan imposible y tan cercano, jugando con la arena, le pareció tan natural, tan natural –mucho más que ese pequeño cuerpo frío, rígido– tan adecuado para un niño que, más allá de las preguntas sin respuesta –pero ¿me estaré volviendo loca?, sintió que el corazón se le calmaba. De nuevo podía respirar.
­­­Apenas se atrevió a acercarse. Camino hacia él, muy despacio, y vio como se iba volviendo cada vez más transparente, hasta convertirse en una sombra de agua y desaparecer.  Se sentó en la arena y contempló el mar, largo rato. Y se sintió en paz.
Durante toda la primavera volvió a buscarle a diario, siempre a la misma hora, y él siempre estaba allí jugando, corriendo, o dormido entre las dunas hecho un ovillo. No parecía verla. En verano lo encontraba saltando entre las olas, con un pequeño bañador azul, y en otoño lo vio bailar con la lluvia y dormir bajo la barca de un pescador. En invierno los días de viento lo encontraban escondido detrás de una roca, jugando con los escarabajos. Y llegó un nuevo verano y un nuevo invierno.
Y entonces sucedió.
Tal vez fuera la cosa más normal del mundo, pero ella estaba tan absorta, tan ensimismada en su dolor  –se había dejado hacer sin prestar mucha atención en realidad, con una suave ternura distraída– que no se lo esperaba. No era tan joven en realidad.  El se había retrasado tanto… pensó que era un error, pero no.  No había dudas. 
La mujer se acarició el vientre y una leve sonrisa asombrada le floreció en el rostro, otra vez fresco. De nuevo la vida, como el agua, encontraba la rendija para abrirse camino. Se recogió el pelo  y caminó hacia la playa, a buscarlo, y la brisa hacía ondear su vestido.  De alguna manera tenía que decírselo. Atravesó las dunas y lo vio de pie junto a la barca, mirándola con sus limpios ojos redondos. Ojos negros de niño ¡Cuánto tiempo sin verlos! Se apoyaba sobre el pie izquierdo, luego sobre el derecho, y no dejaba de mirarla, sonriente. Sostenía algo en la mano.
Cuando llegó ya no estaba. En su lugar, en el suelo, había un montón de guijarros grandes, redondeados, y en el centro una estrella de mar. Lo cogió todo, lo guardó en los bolsillos, y se volvió a casa.
Y de alguna manera supo que ya no volvería a verle.

*****


Navarra, 11 de febrero de 2013



(Basado en el relato: “Transparencias” de Mario Benedetti)

LOS PATOS




La arena aún estaba tibia, y una fina niebla blanca lo cubría todo. El sol quería salir, sobre un mar liso y gris como un espejo. Entre el rumor de las olas el  mundo se desperezaba.
Entre la niebla se intuían las sombrillas de paja.  Las gaviotas, negras o grises según la distancia, volaban chillando.
Cinco personas vestidas de blanco se alineaban en la orilla.  Las olas rompían casi a sus pies, pero ellos permanecían quietos,  concentrados.
Empezaron despacio.  Iniciaron los lentos movimientos del Tao, primero frente al mar, luego de cara a la laguna que había detrás.
Acariciaban  la bruma y todo vibraba.  Un ligerísimo vapor parecía subir de la arena caliente.
Entre los cañaverales de la laguna, fueron asomando los patos, como surgidos de la nada. Eran unos patos pequeños, con la cabeza blanca y el cuerpo gris. Poco a poco fueron acercándose a la orilla,  mientras las siluetas  blancas, apenas intuidas entre la niebla, continuaban moviéndose lentamente  como en una fantasmal danza acuática.
Tímidamente, un pato salió del agua. Después otro, y otro más. Pronto hubo una hilera de aves en el borde de la laguna, todos en fila, mirando a la gente de blanco.  Cuando estos alzaron los brazos, todos los patos, a la vez, alzaron las alas.
Una hilera de patos grises, con la cabeza blanca, alzando las alas en la orilla de la laguna. Y, frente a ellos, varias siluetas blancas subiendo los brazos.  A la vez.  Entre la niebla.
Y el tiempo se paró.
El instante quebró la mañana, como al cristal más delicado.
Y ya no había sombrillas, ni gaviotas. Apenas la niebla.
Solo una fila de aves grises, con la cabeza blanca, alzando las alas.  Y  unas  personas vestidas de blanco alzando los brazos. En la playa, frente al mar, entre la niebla.
Un instante después bajaron los brazos, las alas.  Al mismo tiempo.
Las siluetas permanecieron quietas, en silencio.
Los patos se fueron.
Una gaviota chilló, a lo lejos.

UNA CARTA ROMÁNTICA




“Querida Sonia;
Tus ojos son como dos luceros que relucen al atardecer…”

¡Qué fuerte! Tío, eso no lo pongas que se va a creer que me estoy quedando con ella.

“Hola Sonia;
Quiero que sepas que eres la tía más buena del instituto. Desde que te vi…”

Que no hombre, que eso tampoco vale, ella ha dicho “romántica”. No, la otra no era romántica, era de un cursi que te cagas. Si me quieres ayudar, me ayudas, y si no vete a tu casa, que ya me las apañaré yo solo.

No, si yo no me cabreo. Si ya lo sé que es un marrón, pero para eso están los amigos, ¿no?

Sí, claro, que pase de ella, pero ¿tú has visto lo buena que está? Y que me gusta, te juro que esa chavala me gusta cantidad. Y esto de la carta es gratis, imagínate que se le hubiera antojado ir al cine, con lo seco que estoy.

Lo que pasa es que el otro día se encontró un montón de cartas antiguas, de su abuelo a su abuela, y se le ha ido la pinza. Yo las he leído y son para vomitar, pero a ella le encantan. Dice que en cosas así es donde se nota que hay amor de verdad, que ahora los tíos sólo queremos meter mano, pero no somos “románticos” como los de antes.

Tío, déjate de guasas que te vas a ahogar con la Coca-Cola. Y que no me gusta que te rías de ella.

Las mujeres son así de raras, me lo ha dicho mi padre. También me ha dicho que lo del romanticismo de los antiguos era un rollo, que lo hacían porque estaba de moda y así ligaban más. Que los hombres somos todos iguales. Qué bueno, justo ahí se cabreó mi madre y salió dando un portazo.  

¿Mi padre? Pues detrás de ella, a darle coba. A ver. 

Que sí, tío. Que te digo yo que son raras. Venga, vamos a empezar otra vez;

“Sonia, cuando te veo me tiemblan las rodillas… !Claro, para que se crea que soy cojo! Mira, chaval, yo voy a decirle a mi madre que me ayude, porque si no este fin de semana va a ser chungo. Sí, mi madre, no pasa nada, es que a ella estas cosas se le dan bien. Yo le digo que es un trabajo de Lengua y se lo cree. Un ejercicio especial. Se lo traga todo, es increíble.  Espera que ahora vuelvo;

¡Ya lo tengo! Mi madre me ha dicho que tengo que ser “yo mismo”. No sé yo… Mira a ver qué te parece esta;

Hola Sonia, soy Nacho; Me gustas un montón”.  -Me ha dicho mi madre que mogollón en una carta romántica no queda bien-“Eres guapísima” -ya, tío, pero es que me la ha traducido, yo quería poner “estás buenísima”- “y me gusta estar contigo todo el rato porque me parto de la risa y eres un alucine, pero no está bien que no me dejes que te toque un pelo”; eso lo he puesto después de que se fuera mi madre, que te crees. “Eso sólo lo hacen las estrechas. Te quiere, Nacho”

¿Cómo la ves? Yo la veo “terminá”.

Este fin de semana cae.